BABILONIA

Foto de la obra
Aunque la palabra «Babilonia» sea, para muchos, algo polvoriento (¿historia, arte, cultura, una canción de Boney M?), la compañía Tejido Abierto Teatro la resignifica y la convierte en algo vivo y actual. Babilonia, en este caso, es el título de la obra del dramaturgo José Ramón Fernández que la compañía representa en el Teatro Quevedo de Madrid.

El escenario se convierte en un lugar de resonancias mitológicas en donde una reina y su criada –los actores Belén Lázaro y Raul Óxido, respectivamente– nos brindan la posibilidad de viajar, volar, temer, recordar, reconocer, atisbar, oler, evocar y descubrir paisajes de nuestra interioridad que, por lo general, han sido clausurados por gran parte del teatro de la cartelera madrileña que se empeña en celebrar el mainstream cinematográfico y televisivo con el espíritu edulcorado del best-seller.

Babilonia presenta al gran fantasma inmortal: la guerra. Los persas, el ejército más grandioso de la historia, han arrasado la ciudad y sembrado el terror. Sólo la reina y su criada parecen haber sobrevivido a la barbarie. «Es la guerra: tendré que esconderme y huir», podría decir un Borges parafraseado en uno de sus versos más célebres.

La reina Amyitis y su criada se necesitan para sobrevivir tanto a nivel físico como afectivo. En este vaivén el estatus se resiente, el tiempo apremia y las necesidades fisiológicas hacen su entrada en escena. La criada se lama Alitza y es una mujer sencilla que, sin embargo, llegará a instruir a la reina: le revelará aspectos de su pasado y le mostrará la imagen que su propio pueblo tiene de ella. Es como si desenredasen entre las dos una madeja a cuatro manos para poder entenderse en un laberinto personal en el que han de descubrir quiénes son y en qué deben transformarse para sobrevivir.

Jorge Eines, aparte de dirigir la obra, elabora la dramaturgia del texto de José Ramón Fernández. Babilonia fue estrenada en la extinta Sala Triángulo hace diez años con una duración bastante superior a la que tiene ahora. Eines cuenta que ha recortado aproximadamente un cuarenta por ciento del texto original con el beneplácito del dramaturgo. Por lo que pude ver esta adaptación va bien de ritmo y, seguramente, se irá afinando aún más en las sucesivas representaciones.

El gran gancho de la obra, para ir al grano, son los actores. Rara vez se ve en la escena española una combinación tan inspirada de compromiso y saber hacer en unos intérpretes, que dicho sea de paso, son de la cantera actoral del estudio de Jorge Eines, uno de los pocos maestros que entiende el trabajo del actor sin los onanismos emocionales ni los psicologismos baratos que la escuela de Lee Strasberg y sus seguidores practican gracias a ese invento yanqui llamado El Método.

En este montaje los elementos escénicos son los indispensables. ¿Por qué? Porque los actores trabajan con gracia y medida, con un compromiso que hipnotiza al espectador y le da alas para imaginar y reconocer en sí mismo dos rasgos importantes: el primero está compuesto por la inocencia, el gusto por la belleza y el desamparo de la mujer-niña que nos brinda el actor Raúl Óxido; y el segundo, es la mezcla perfecta de majestuosidad, acento trágico y fragilidad de la reina que recrea la actriz Belén Lázaro.

A este espacio casi vacío, que me remite a las enseñanzas de Peter Brook y me recuerda —en sus aspectos más rudimentarios, pero bien definidos— al teatro de Grotowski, sólo le sobra el cortinaje del fondo de la caja, la precaria iluminación de la sala —tan bien aprovechada, por otro lado, por la compañía— y un patio de butacas que está por debajo del actor. Esta puesta en escena, que juega tanto a estar en el suelo o a media altura, pide un graderío e, incluso, un espacio en u o in the round, más a la inglesa.

Nada impide, sin embargo, que prevalezca el trabajo magnético de los intérpretes. Dos seres necesitados y unidos por una cadena de respiraciones conjuntas que hacen posible la inmersión del espectador en un universo casi fantástico y mítico capaz de golpear con fuerza las campanas de nuestro tiempo.

Hay que agradecer al director que su trabajo no sea invasivo. Su mano interviene lo necesario, lo justo para sugerir los paisajes imaginarios que el actor necesita habitar para favorecer el hallazgo creativo y la comunión con el espectador. En Babilonia podréis ver esto y mucho más, un mundo que está en las antípodas de las casitas acartonadas (y caras) que los teatros nacionales tienen, tantas veces, el mal gusto de ofrecernos.



Los jueves 23 y 30 de junio en el Teatro Quevedo de Madrid a las 20.30 h.

Apunta: Marcos García Barrero






Ficha artística y técnica:
Reparto
Raúl Óxido: Alitza, La niña de Judea.
Belén Lázaro: La reina Amyitis.
Autor: José Ramón Fernández
Director: Jorge Eines
Joel Machbrit: Ayudantía de dirección.
Inma González: Vestuario.
Carlos Higinio Esteban: Escenografía.
Cecilia Ruiz: Imagen Original.
Joel Machbrit: Diseño y Comunicación.

FECHAS Y HORARIOS
Estreno 9 de Junio / Todos los Jueves a las 20:30h



NO MOJARSE EN LA TORMENTA

Cartel de la obra
Reme y Pedro han regresado a Madrid de su larga estancia londinense. Por casualidad, se encuentran en un cine con Sergio y su novia Lucía. Reme y Sergio son amigos desde la infancia y hace años que mantuvieron una relación. Reme decide organizar una cena en su casa al día siguiente. Lucía lo sabe y va a regañadientes. Durante la velada se irán desencadenando pequeños episodios con descubrimientos de secretos, parece ser que inapropiados, que generarán tensiones y choques frontales entre ellos hasta producirse el desenlace final.
Lluvia es el purificante título que da nombre a esta obra escrita y dirigida por Paula Llorens ─además de interpretar a uno de los personajes junto a Isabel Dugo, Gustavo Galindo y Fernando Gómez─ en la que los personajes dan vida a cuatro personas actuales, jóvenes pero tocados por la varita de la pesadumbre, de un aburrimiento soberbio, de desasosiego. Todos ellos se nos presentan como envueltos en tristeza, como acompañados por la desdicha, mustios. Unos se muestran así desde el minuto uno y otros lo intentan enmascarar aunque sin éxito. La obra se desarrolla en un juego de mentiras innecesarias que lo embarran todo. Mentiras que se van sucediendo y que, cada vez, entontecen un poco más a sus personajes ya que los sucesos que acontecen, realmente, no son para tanto dolor y padecimiento. El reencuentro con el pasado genera una polémica que motiva una discusión y conflictos entre las parejas. No pasa nada fuera la normalidad; nada más allá que la naturalidad de encontrarse con alguien al que quisiste en el pasado, con el que mantuviste una relación y punto. Pero este hecho, lo convierten en un problema, al estar atestado de mentiras y al dejarse llevar por las normas sociales establecidas y arrastrarse por un mar de dudas, de celos innecesarios, imprudentes y nada inteligentes. Y sobre todo, por el engaño que se hace uno mismo por no hacer o sentir lo que necesita y quiere; por no estar con quien quiere al no arriesgarse a perder una batalla en la lucha y no en la trinchera de su confort, esperando a ver si obran los milagros.
Los actores reproducen correctamente sus personajes estereotipados, atrapados, cada uno de ellos, en sus propias mentiras, siguiendo los cánones marcados para cada una de sus personalidades. Es quizá el personaje de Lucía el menos decoroso al presentar un personaje extremadamente infantil en vez de mostrar una «Lucía tímida».
La escenografía se compone de pocos elementos todos ellos útiles de salón: mesa con sillas con enseres de comer y sillón con mesita. Todo ello bañado en una luz bastante tenue y con el sonido ambiental de la lluvia.
Coge tu paraguas y llévatelo a Nave 73 para ver Lluvia los sábados de junio a las 20h.
«La vida no consiste en esperar a que pase la tormenta, sino en aprender a bailar bajo la lluvia».  Vivian Greene


Apunta: Vir Casanova






Ficha artística y técnica
TEXTO Y DIRECCIÓN: Paula Llorens
INTÉRPRETES: Isabel Dugo, Gustavo Galindo, Fernando Gómez y Paula LLorens
ESPACIO ESCÉNICO: Sara Bacigalupe y David Orrico
ESPACIO SONORO: Nerval
DISEÑO DE CARTEL: Joan Santancreu
ILUMINACIÓN: Pablo Corrales

FOTOGRAFÍA: Ilusión Óptica Fotógrafos

¿AHORA QUIÉN? ¿AHORA QUÉ?

Cartel de la obra
Il Maquinario Teatro es una joven compañía gallega fundada en 2012 por el director Tito Asorey y cuatro intérpretes: Melania Cruz, Fran Lareu, Fernando González y Laura Míguez. En Octubre de 2014 se estrena su segundo montaje, Perplejo, del dramaturgo alemán Marius Von Mayenburg, por el que la compañía ha obtenido 5 premios María Casares.
Un texto rápido, bastante inteligente, de un humor tocado por el absurdo con una temática actual en la que subyacen temas como la búsqueda de la identidad, las relaciones de pareja, la pervivencia del fascismo, la inmigración, la religión y muchos más temas que van emergiendo según transcurren las escenas. Los personajes tienen la peculiaridad de llamarse con el mismo nombre que sus propios intérpretes. Cambian las escenas, cambian los roles de cada uno de ellos pero los nombres se mantienen. Es tal la perplejidad que sientes ante las primeras escenas que tienes una extraña sensación de confusión, de no entender muy bien qué es lo que pasa. Hasta que, poco a poco, te vas acostumbrando a esos cambios de roles, de forma natural casi como pasa en la vida misma. Y es ahí donde la compañía ha logrado que se reciba una de las partes fundamentales del mensaje: en esta obra como en la vida estamos abocados a multitud de cambios para los que debemos estar preparados. Todo puede volverse nuevo, diferente, absurdo de un segundo a otro. Los actores hacen un trabajo interpretativo limpio, a pesar de la complejidad de cada uno de los roles que tienen que presentar. Se dejan abducir por cada uno de sus personajes y con ello seducen al público y lo arrastran a un mar de risas. Porque, aún cuando muchos de sus temas son de una dramática realidad, esta obra es una comedia y, como tal, provoca la risa. Hay momentos metateatrales donde los personajes y los intérpretes se confunden hasta dudar de la misma realidad.
La escenografía está formada por un espacio blanco, sin muchas señas de identidad, ni personalidad, que representa el salón de cualquier casa en cualquier lugar. El vestuario muy diverso y logrado, destacando la escena de la fiesta nórdica donde los disfraces son geniales ─alguno desconcertante─. El espacio sonoro, la iluminación y los efectos están perfectamente coordinados para que el engranaje teatral surta el efecto mágico deseado.
Perplejo es el último espectáculo del Festival de Teatro dedicado a Cervantes y Shakespeare, En algún lugar del ser o no ser, que tiene lugar en el Teatro Galileo. Merece la pena que te acerques a ver a los chicos de Il Maquinario Teatro. Tienes oportunidad de verles el 16, 17 y 18 de junio a las 20h y 19 de junio a las 19h.

Nada más intenso que el terror de perder la identidad. Alejandra Pizarnik

Apunta: Vir Casanova






Ficha artística y técnica
Dirección: Tito Asorey
Texto Original: Marius Von Mayenburg
Elenco: Melania Cruz, Fran Lareu, Fernando González y Laura Míguez
Escenografía: Luis Iglesias “Luchi”
Vestuario: Yaiza Pinillos
Relización Disfraz de Laura: Diego Valeiras
Iluminación: Tito Asorey y Germán Gundín
Espacio Sonoro: Tito Asorey y Laura Míguez
Fotografía y Video: Aitor Uve
Diseño Gráfico y Proyecciones: Expresiva Estudio
Traducción: Catuxa Pato
Unidad Didáctica: Melania Cruz
Técnicos: Germán Gundín y Roi López
Producción: Laura Míguez
Versión y Dirección: Tito Asorey


¡QUÉ LUCHA LA CONVIVENCIA!

Cartel de la obra
La mayoría de las personas, al menos una vez en nuestra vida, hemos probado la convivencia; hemos participado en ese extraño juego de vivir en pareja y hemos padecido, alguna vez, ese lado peliagudo del amor en la más absoluta intimidad hogareña: las peleitas de salón. A partir del texto de Manuel Hidalgo y versión de Carlos Panera, Lola Baldrich y Gorka Mínguez nos traen a la escena madrileña sus particulares conversaciones transformadas en La guerra del sofá. De su sofá, ese fantástico armatoste que ponen en el centro del salón justo frente a un televisor ─mejor cuanto más grande─ y por el que alguna que otra batalla se librará. Su sofá, ese magnífico mamotreto, que es generador de placer y disgusto, casi a partes iguales, cuando la pareja ha pasado del amor empalagoso del momento primero al rocanrol metalero del tocarse las narices todo lo que se pueda. Cualquier tema diario, nada trascendente, puede convertirse en una contienda dura de victoria. Además, una disputa puede llevar implícito algún enfrentamiento nuevo que pueden encadenar. El papel higiénico, la bolsa de la basura, el momento apretón de baño, el mando de la tele, las suegras… Todo lugares comunes de cualquier pareja, nada nuevo, y por ello despiertan las cuantiosas risas del público, por esa cercanía tan real que te hace reflejarte como en un espejo. Ambos actores tratan con mucha naturalidad un texto para el que las escenas se componen de piezas de sus cotidianas historias, de sus enfrentamientos en distintas épocas de su convivencia. Ellos mismos son narradores de las propias acotaciones del texto y eso hace al público implicarse más e interpretar mejor parte de las escenas. Su labor interpretativa es buena, plagada de divertidas frases y gestos muy humorísticos. Y, como no era de extrañar, toda la representación se lleva a cabo en el salón de nuestros protagonistas; ahí en el mismísimo centro del universo doméstico: el sofá. A este sofá acompañan pocos elementos decorativos: un par de sillones, una mesita y unos cuantos objetos más. Con cada cambio de escena, un cambio de luz y una canción de esas que mantenemos en el baúl de los recuerdos.
La guerra del sofá se disputa en el Pequeño Teatro Gran Vía todos los jueves a las 20:30h y domingos a las 21h hasta el 03 de julio, para todos aquellos, tengáis pareja o no, que se quieran posicionar en su lado del sofá.

«Para poder seguirte pareciendo, si quieres escaparme, te persigo, si me persigues, te acompaño huyendo», José Bergamín

Apunta: Vir Casanova







Ficha artística y técnica

Texto original: MANUEL HIDALGO
Adaptación teatral: CARLOS PANERA
Interpretación y dirección: LOLA BALDRICH & GORKA MÍNGUEZ
Producción: ERRE PRODUKZIOAK & ARTEKA & MASKARADA S.L.

DESESPERANDO ETERNAMENTE

Cartel de la obra
 El Teatro Alfil acoge los domingos en su sala una de las obras fundamentales del teatro del absurdo escrita por Samuel Beckett a finales de los años 40, Esperando a Godot. La Nuca Teatro es la compañía murciana encargada de la puesta en escena bajo la buena dirección de Vicen Morales que ha tramado una representación bastante fiel al texto de Beckett, dejando patente la acción circular del argumento del mismo así como el tratamiento del tiempo como parte de una existencia tediosa, poco creativa y vacía de significado.
Vladimir y Estragón son dos tipos que se encuentran de nuevo en mitad de un camino, de no se sabe dónde, bajo un árbol y allí esperan a un tercer personaje, Godot, hasta el anochecer. Así un día y otro, esperan. Mientras esperan matan el tiempo hablando de nada y de todo, discuten sobre naderías y se encuentran con otros dos personajes, Pozzo y su criado-esclavo Lucky, con los que también entablarán conversaciones absurdas sin ningún principio ni fin, sin hilo argumental ni formato de conversación. El tiempo transcurre sin que pase nada o pase todo, según se vea; pero lo que va sucediendo es que los personajes comienzan a olvidar el porqué están allí, si han estado ya antes y, a veces, se olvidan unos a otros a pesar de encontrarse una y otra vez. Se va apreciando, según transcurre la representación, cómo los personajes van perdiendo la noción de los días, del tiempo y la esperanza de encontrarse con Godot. Los personajes están caracterizados muy acertadamente por Agustín Otón, Fran Freire, Miquel Marcos y José Tellez, dotándolos de unas personalidades especiales, altamente contradictorias y tocadas por un pesado tedio existencial. En la escena pasa el tiempo sin apenas suceder nada. Lo principal del argumento es la espera y frente a ella se centra toda la representación. Los personajes están marcados por un estatismo evidente, a pesar de sus torpes movimientos por el lugar. Se escudan también conversaciones incompletas, en silencios y discusiones absurdas, debido a que lo importante es esperar. Esperar no se sabe muy bien el qué.
Una escenografía bien planteada, rigurosa con el original, tiene pocos elementos decorativos para simbolizar el vacío, el sin sentido de esa absurda existencia: solo un árbol casi muerto, montoncitos de arena que reflejan la aridez del lugar y un juego de luces que hace que los matices luminotécnicos ayuden, tanto a los personajes como al espectador, a diferenciar el corte entre las dos escenas existentes, entre el transcurrir del día y la llegada desesperanzadora de la noche. El vestuario, del mismo modo, no tiene detalles destacables, salvo, la indumentaria de Lucky que le distingue del resto. No me pareció muy acertado, sin embargo, el recurso de sustituir al niño, que avisa de la no llegada de Godot, por un pequeño teledirigido; me resultó algo raro.
Todavía tienes tiempo de ver la versión de La Nuca Teatro de Esperando a Godot los domingos a las 20:30h hasta el 19 de junio en el Teatro Alfil.

«Sin el tiempo, esa invención de Satanás, el mundo perdería la angustia de la espera y el consuelo de la esperanza». Antonio Machado


Apunta: Vir Casanova







Ficha artística y técnica
Dirección Escénica: Vicen Morales
Traducción: Ana María Moix
Reparto:
Agustín Otón - Estragón
Fran Freire - Vladimir
Miquel Marcos – Pozzo
José Tellez de Cepeda – Lucky
Claudia Morales – Voz Niño
Producción: La Nuca Teatro
Fotografía: Pilar Morales
Espacio Escénico y Vestuario: La Nuca Teatro
Realización Escenográfica: José Tellez de Cepeda
Iluminación: Rubén Pleguezuelos
Técnica Vocal: Carmen Acosta
Diseño de Cartel: El Hombre Cabra


NO SOY DEAN MORIARTY

Cartel de la obra
Dos hombres jóvenes en un bar cualquiera ven pasar la realidad frente a sus ojos. La vida es rutinaria: respirar y trabajar; su vida es un sueño: Jack Kerouac.
La novela que marcó a toda una generación (On the road, de Jaques Kerouac) es el paraíso ficticio de sexo, jazz y drogas que sirve de referente a los dos hombres que protagonizan esta puesta en escena de Gerard Iravedra. El bar en el que se desarrolla la acción es un campo de batalla con colillas y papeles, cajas de bebida y sillas sucias. En este local los dos jóvenes abandonan, por momentos, sus trabajos y juegan a ser los protagonistas de On the road, Sal Paradise y Dean Moriary. Este último fue en la vida real Neal Cassady, un joven de bajo origen social y familia «desestructurada», como se diría hoy, con una gran pasión: la literatura. La novela se publicó por vez primera en 1957 y fue escrita a finales de los años 40, dentro del ambiente o cultura hipster, cuando esta palabra significaba jazz experimental y contracultura y no un grupo de pijos que viste ropa de marca y se deja la barba larga, como ocurre hoy en día.
En este montaje, Moriarty (interpretado por Ferrán Vilajosana) es el revulsivo, el punto de ignición de un viaje a dos mil veces postergado; es un marginal pasado de vueltas, un cicerone que habrá de guiar al bueno de Sal (al actor Fernando Tielve le da al personaje una candidez y ternura que crea un buen contrapunto con la irascibilidad de Moriarty) a las puertas del infierno, es decir: a Nueva York y sus bares de maricas y gente cool, a un menage à trois que no convence a Sal, y a un viaje en coche por la Ruta 66 que representa la fantasía de dos hombres que sienten por unos instantes el viento de la libertad mientras suena una magnífica versión de The shadow of your smile a cargo de Lou Rawl.
Los dos amigos juegan, en la Sala Tú, a ser los personajes de una novela cuyo espíritu romántico y beat es el aroma que los actores respiran y desean transmitir al público en unos tiempos, estos, en los que la publicidad, la moda y Hollywood han reducido el concepto de libertad a un conjunto de píldoras ansiolíticas y carteles publicitarios.


Apunta: Marcos García Barrero






Sala Tú; Hasta el viernes 24 de mayo dentro de la programación del Surge.
Ficha artística y técnica
Texto: Joan Yago
Actores: Fernando Tielve y Ferrán Vilajosana

Dirección: Gerard Iravedra

LAS FLORES DE ELSINOR

Cartel de la obra
Elsinor es un centro psiquiátrico de aspecto ─imaginamos─ penoso, oscuro, triste, frío, donde las risas y llantos se mezclan formando una amalgama de sonidos casi insoportables. Ophelia ha sido recluida ahí por sus problemas alimenticios. Ophelia no quiere comer pero sí morir y cree que está en su derecho. Tiene 25 años, anorexia, bulimia y un par de muñecas tocadas por la tajante suavidad de la cuchilla. Ophelia está sola, aunque siempre acompañada por esos fantasmas pasados, por esas literarias Ophelias que amaron a ese Hamlet de destino sentenciado. Esas Ophelias-niñas de tristes semblantes, azotadas por la muerte prematura de una locura de amor o de un desamor enloquecedor. Ophelia y sus fantasmas encerrados en un Elsinor paralelo del que quieren escapar como quien escapa de su prisión; quizá de sus destinos marcados por la derrota.
Arturo Turón regresa a la escena componiendo y dirigiendo su drama Ophelia. Nos lo presenta en Nave 73 para la III Muestra de Creación Escénica-Surge Madrid 2016. Para esta ocasión Arturo Turón nos sumerge en un mundo casi onírico donde la realidad y la ficción se rozan casi hasta la confusión. Del mismo modo que en su anterior trabajo Alma, Turón hace que las escenas pasen de una manera lenta, donde los silencios y las palabras tienen una misma cabida para crear ese intimismo. Dota a sus personajes de una pesadumbre interior transmitida por la flaqueza de sus miradas. Crea escenas tocadas, en muchos momentos, por los ritmos poéticos de la danza y una coral perfecta de movimientos.
Hacen las actrices y el actor un muy buen trabajo de gestualidad corporal y un duro pero pulcro trabajo de interiorización para adaptarse a estos personajes en constante conflicto interior, apesadumbrados y, a ratos, aletargados donde el sufrimiento acoge nada bueno ni augura futuridad.
La escenografía se compone de pocos elementos pero bien dispuestos y aprovechados. El juego de luces de claro al oscuro, del frío al cálido, son un acierto en la transición de las escenas ya que ayudan al espectador a situar a los personajes en la realidad-ficción o viceversa. Un tanto igual con el espacio sonoro, lleno de ruidos y soniquetes que envuelven la cabeza de locura o te crean una tensa tranquilidad con la banda sonora elegida, como siempre un acierto.
Por decir un contra ─totalmente reemplazable por un pro─ hubiera necesitado un tono más elevado en la dicción de alguno de los personajes. Es cierto, que al ser escenas tan profundas y personales, requieren un tono débil pero, desde la última fila se puede perder la claridad de un texto tan poco fácil en escenas tan interesantes.
No digo más que el estreno fue un lleno a rebosar y seguro que lo seguirá llenando. Las horas de visita a Ophelia son los sábados de mayo a las 20h.

Una trama de oros grises,
un ensueño de hilos blancos,
gnomos, sátiros, Ofelias,
voces vagas, ojos trágicos.
-¿Una mujer blanca, una
mujer? ¿Es Flérida, es Gloria,
es Ofelia?... Nada… Llueve…
los árboles hablan… Sombras….
                                                                 Juan Ramón Jiménez



Apunta: Vir Casanova









Ficha artística y técnica
Dramaturgia y Dirección: Arturo Turón
Ayudante de Dirección: Lydia Ruíz
Elenco: Andrea Dueso, Laura Aparicio, Elena Martínez, Laura de la Isla y Julio César Santos.
Diseño de Iluminación: Jon Corchera
Técnico de Iluminación: Eva Marcelo
Escenografía: Nada en la nevera
Vestuario: Andrea Dueso
Sonido: Esteban Ruíz
Coreografía y Cuerpo: Clara Méndez Leite
Fotografía: Sergio Lardiez
Producción: Eva Marcelo

Producción Ejecutiva: Nada en la nevera

QUIJOTE. FEMENINO. PLURAL

Foto de la obra
La pluralidad de este Quijote singular que orquesta Pedro Víllora y lideran Ainoha Amestoy y Lidia Navarro tiene, entre otras, la virtud de contar y entretener desde una de las obras más destacadas de la literatura mundial: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.
El viaje de Sanchica (o Mari Sancha), la hija de Sancho Panza, cobra forma en los cuerpos y las voces de estas dos estupendas actrices. Dos juglaresas que manejan perfectamente todos los registros vocales y de composición física imaginables: contar y actuar durante 1 hora y 30 minutos de tensión narrativa ininterrumpida. De esto, seguramente, es responsable en gran medida la mano y el oído de Pedro Víllora, que no permite que la energía actoral decaiga. Para lograrlo se vale de una banda sonora eficaz que subraya los momentos más dramáticos de la pieza y contribuye a crear un sentido de goce y deleite festivo en el oído del espectador.
Cada una de las mujeres que simboliza los hitos del viaje iniciático del personaje de Sanchica (Teresa Panza, Marcela, Dorotea, Luscinda, Maritornes, Doña Clara de Biedma, Quiteria La Hermosa, Dulcinea y Claudia Jerónima) se representa mediante unas muñecas que, en principio, impresionan por su hieratismo y su sobriedad. No obstante, las dos actrices las dotarán de vida por medio de su capacidad para imitar, narrar, parodiar y escenificar cada uno de los episodios que dibujan.
El texto, que corre a cargo de Ainoha Amestoy, es certero a la hora de mostrar los episodios que mejor representan el universo femenino al que la obra se debe. Es de agradecer un teatro de la palabra donde esta se desarrolle al límite de sus posibilidades, en unos tiempos en los que, tantas veces, los mejores actores abordan los textos clásicos o bien con gravedad o bien con un psicologismo mal entendido que resta vuelo y frescura al texto. Nada de esto sucede en Quijote. Femenino. Plural. Antes bien, el lenguaje es aquí el medio natural para que el personaje de Mari Sancha o Sanchica (interpretada con talento y oficio por Lidia Navarro y Ainoha Amestoy) sirva de vehículo para mostrar el camino aventurado y desventurado que la joven emprenderá en busca de emociones, sabiduría y sentido. «La libertad que pintes en tu imaginación como deseo se cumplirá». Estas son las palabras que Dulcinea del Toboso proferirá en la cueva de Montesinos para los atentos oídos de Sanchica. Ella sueña con ver el mar, con ir más allá del rol maternal y paritorio que la sociedad del momento le ha asignado. Desea vivir aventuras, valerse por sí misma y, por qué no, encontrar el amor. Las palabras de Dulcinea serán su guía.
El texto de Amestoy no tiene nada de proclama oportunista al subrayar el merecido papel de la mujer en la historia. Por el contrario, fabula con gracia sobre la frecuencia cervantina en la que ya se hallan implícitos los valores de las mujeres que el de Lepanto describió tan magistralmente. Mujeres que a pesar de sufrir el peso del papel que la sociedad les asignaba eran fuertes y decididas; mujeres que habitan un mural quijotesco desde el cual lanzan un guiño necesario a todas las demás mujeres que en nuestra sociedad —tan aparentemente igualitaria, pero presa aún de ciertas consignas patriarcales que limitan su libertad— no encuentran todavía el lugar que por derecho les corresponde.
Lo más importante, a nuestro juicio, es que la obra es ante todo una fiesta y esto se debe no sólo al texto y al magnífico hacer de las actrices, sino también al tempo que la dirección de Víllora imprime al montaje, haciendo que este rebose de imágenes sin necesidad de recurrir a proyecciones audiovisuales ni a microfonías estridentes, como puede verse tan a menudo en la cartelera madrileña. En esta función basta y sobra con el mester de juglaría y la palabra cervantina tamizada por el brillante texto de Ainoha Amestoy… que no es poco.


Apunta: Marcos García Barrero


Ficha artística y técnica:

Dirección: Pedro Víllora
Con: Lídia Navarro y Ainhoa Amestoy
Ficha artística: Una producción de Estival Con motivo del IV Centenario Cervantes

¡NO SE AZORREN!

¡Las Micromachines vuelven a la carga! Este grupo de tres «micromujeres que hacen microteatro», en su empeño de seguir haciendo obras cortas de grandes autores contemporáneos, han elegido para esta ocasión el texto de Juan Mairena, Mi amado calavera. Este dramaturgo de origen andaluz, muy contemporáneo, muy audaz en sus letras y muy reconocido por la puesta en escena de su obra Cerda ─texto divertidísimo, editado por Ediciones Antígona ─, ha creado, para esta ocasión, un breve pero intenso gran texto, muy ágil en el verbo, descarado y entrañable a partes iguales; un texto donde realidad, ficción e ilusión se fusionan a la perfección haciendo que las bellas Micromachines: Olga Goded, Eva Egido Leiva y Conchita Piña hagan que el público llene todo el espacio de macro risas. Es Juan Ayala, quien ya las ayudara en su primer micro, El dulce olor de la cizaña, el encargado de dirigir este micro. Juan ha dirigido esta micropieza tan fina y cuidadosamente que no ha dejado a la improvisación nada más que las risas constantes del público. Todos los movimientos están tan bien coordinados, tan organizada la gestualidad coral que Las Micromachines podrían haber mostrado sus encantos interpretativos en una caja de cerillas. Las tres actrices se ajustan a su diminuto espacio y a sus roles marcados con un encanto especial. Exageran sus ademanes con buen gusto andaluz; te dejan miradas, expresiones, casi fotos que rozan la mueca del mimo; encandilan a todos con su gracia, una chispa especial y un acento perfectamente estudiado.
No pienso contar ni una coma de lo que trata el texto ni por supuesto, la puesta en escena. No seré yo quien te haga el spoiler. Es un micro y si te lo cuento no te llevarás la gran sorpresa de descubrirlo tú mismo y de querer repetir. Solo te puedo contar que la escenografía es muy sencilla creada por CartonAge y lo que reza en su cartel: «una loca comedia de espíritus».
Las noches de los viernes ya no pueden ser de cualquier manera ni pasar sin pena ni gloria. Las noches de los viernes hasta el 27 de mayo solo puedes acompañar a Las Micromachines en Mi amado calavera en el Espacio Cultural La Victoria-Sala Samotracia. Hay dos pases: 21:30h y 22h. Reserva rápido porque lo llenan.

«Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo». Eduardo Galeano



Apunta: Vir Casanova







Dramaturgia: Juan Mairena
Dirección: Juan Ayala
Compañía Las Micromachines: Eva Egido Leiva, Olga Goded y Conchita Piña
Escenografía: Cartonaje
Producción Ejecutiva y Distribución: Distribuciones del Off
Comunicación: crea-comm.net

Coproducción: Acciones Imaginarias, Ediciones Antígona y Surca Teatro

EN TU FIESTA ME COLÉ…

Planazo el que nos ha preparado la conocidísima compañía teatral Yllana junto con la firma de whisky Jameson para poder disfrutar del teatro en tu propia casa. Sine Metu (sin miedo) es el lema que identifica a Jameson y así es como han bautizado a su espectáculo. Yllana pone su arte y sabiduría para montar la representación y Jamison su whisky con ginger ale y lima para refrescar a todos los asistentes. Es una fusión teatral-masterclass donde la función gira en torno a la creación de Jameson. Y ya no cuento nada más porque se rompería la magia y es realmente innecesario que os haga un spoiler.
Lo principal de este evento es que, si eres elegido entre todas las personas que se apuntan a este concurso en la página de Jameson www.jamesonwhiskey.com/es/ el equipo preparado para este espectáculo te monta el teatro en tu casa y además te pone las copas para tus invitados. Existen varias opciones para poder asistir y disfrutar del divertido y original Jameson Apartment:
  • Del 24 de abril al 15 de mayo la experiencia se disfruta en un apartamento en Chueca. Entras en la página, y te apuntas para cualquiera de las sesiones y días que haya disponibles.
  • Del 17 de mayo al 12 de junio la experiencia se traslada a tu casa. Igualmente, en la página te apuntas (previas condiciones de acondicionamiento) en cualquiera de las sesiones y días que vayan quedando disponibles. Esta modalidad de teatro en casa estaría disponible de jueves a domingo.
Fácil, ¿verdad?

La experiencia es única e irrepetible. Hay dos elencos de actores encargados de llevar el espectáculo, de hacer que lo vivas, lo disfrutes. Un completo de historia, risas, canciones y amor, mucho amor y colaboración… Ellos son: Samuel Gómez, Vicente Navarro y Ángel Manuel Sánchez por un lado, y David Vega, Luis Motola y Rafa Sánchez por el otro. Un gustazo.
¿Por qué dejar pasar esos momentos tan agradables, de pasarlo en grande con amigos, disfrutando de teatro y Jameson?

Aquí una muestra de lo divertida que fue mi experiencia.

Apunta Vir Casanova