Mostrando entradas con la etiqueta Antonio López Piña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Antonio López Piña. Mostrar todas las entradas

BANQUETE MARINO

Cartel de la obra
La obra de Slawomir Mrozek, llevada al escenario por la compañía La Machina Teatro obtuvo el premio Max de teatro al Mejor Espectáculo Revelación 2012.
Muchas de las características del género del teatro del absurdo se dan en ella: insistentes reiteraciones, sátiras, juegos con la voz, caricaturas y deshumanización de unos personajes estereotipados que ponen de manifiesto los conflictos que se generan dentro de cualquier grupo humano.
La trama es muy sencilla. Tres naúfragos, dos mujeres y un hombre, en mitad del océano tratan de sobrevivir hasta el extremo de tener que decidir quién de ellos será elegido para acabar como alimento de los otros. La superioridad del personaje poderoso, manipulador y egoísta atraerá hacia sí al personaje mediocre que, por su cobardía y sumisión al poder, se dejará proteger por el más fuerte. Estos dos se alían frente a un débil tercero que, carente de recursos y apoyos, no tendrá más opción que ser el elegido para el banquete marino.
La escena se compone de una pequeña piscina cuadrangular con una lámina de agua que representa la balsa y sirve de escenario a los actores. Dos sillas y un baúl mágico del que se extraen todos los útiles necesarios para cada cuadro, completan la escenografía. Una escenografía que busca recrear la situación mediante el recurso a la imaginación del espectador y empleando los mínimos elementos posibles.
La representación de En alta mar, se apoya fundamentalmente en el trabajo de actores de larga trayectoria que dominan el espacio, llenan el escenario con su presencia y saben sacarle partido a un texto que en ocasiones navega por una línea difusa entre el absurdo y el naturalismo. La obra arranca con una larga secuencia de un simbolismo poético que captura la atención del público y tras un abrupto cambio de registro, se instala en una especie de realismo grotesco que, con golpes de humor y referencias cinematográficas expresionistas, se mantendrá hasta el final.
La propuesta escénica del director no siempre se justifica y más de una vez vapulea al espectador que no sabe a qué atenerse, dada la múltiple cantidad de referencias y curvas en la trayectoria.
Agradecimos a los actores que, tras finalizar la obra, se ofrecieran a mantener un diálogo para comentar la representación con el público. Un intercambio de impresiones que, además de ser un gesto valiente, ayuda a que el teatro resulte más pedagógico.
La Compañía santanderina La Machina Teatro interpretó esta obra en el Centro Cívico Río Ebro dentro del programa que el Teatro de la Estación organiza en los centros cívicos de Zaragoza.







  
Ficha técnica:
Autor: Slawomir Mrozek
Intérpretes: Patricia Cercas, Fernando Madrazo, Rita Cofiño y Luis Oyarbide
Vestuario: Paula Roca
Escenografía: José Helquera, La Machina Teatro
Iluminación: Victor Lorenzo
Producción: La Machina Teatro
Dirección: Francisco Valcarce

SOLO DE HABITACIÓN CON CONTRABAJO

Programación El Extintor
Ricardo Ibáñez pone en escena el monólogo El contrabajo, donde adapta con un estilo minimalista la obra que Patrick Süskind escribió en 1981, cuatro años antes de publicar El perfume.
Süskind justifica el monólogo creando una ilusión de diálogo entre el músico que protagoniza la obra y los espectadores que asisten a la representación. Todo ocurre dentro de la habitación insonorizada que le sirve al artista como sala ensayo. El público se transforma en huésped gracias a la explicación del anfitrión y es ahí donde comienza verdaderamente la función.
Ricardo Ibáñez interpreta la historia de una progresión. Va apuntalando al personaje, construyéndolo delicadamente en sus detalles. El protagonista aparece como un individuo tímido y humilde que se presenta ante sus invitados desde fuera de la huella del foco central, desde una esquina en penumbra. A través de un largo proceso, Ibáñez va haciendo que su personaje se adueñe de la luz y que conquiste paulatinamente el centro del escenario. Con pequeños gestos torpes, acciones reiteradas, titubeos, equívocos e indecisiones, elabora una figura frágil y autocompasiva, subordinada a su instrumento, que poco a poco, y a medida que el alcohol hace su efecto, se transforma en un individuo cada vez más sólido, más divertido y más crítico.
El actor, con su interpretación, somete al público a un juego de límites. Juega con el desarrollo de la personalidad del músico y hace que el espectador se plantee cuánto hay de voluntario en ese inicio titubeante y timorato. Después descubrimos que la actuación estaba medida desde el principio y que esa inseguridad era un excelente truco. Ibáñez además le saca partido al espacio, explota todas las posibilidades que le ofrece la peculiar configuración de esta sala y convierte también en escenario los espacios no visibles del teatro.
La iluminación y la música favorecen la creación de una atmósfera de intimidad que nos aproxima al pequeño drama doméstico de una figura anónima y solitaria. Una figura cuyo trabajo sordo (sonoro en este caso) es imprescindible para la creación de una obra colectiva.
La cobardía, el miedo, el amor, la soledad y el deseo de protagonismo se van manifestando con Wagner, Schubert o Brahms de fondo.
Formamos parte de grupos para construir cosas. Trabajamos detrás de la cortina y asumimos con madurez que la parte que no se ve es tan importante como la parte visible del edificio, incluso creemos que la cara oculta es más relevante, si cabe, que la exterior. Pensamos que la propia satisfacción es el mejor pago por el trabajo hecho, pero a veces, en tardes solitarias y no siempre lluviosas soñamos, como el protagonista de la obra, con reivindicarnos como individuos singulares e imprescindibles, como personas dignas de reconocimiento a quienes lo que nos gustaría de verdad sería escuchar gloriosos adjetivos pronunciados detrás de nuestro nombre.
Tienen todavía tiempo de disfrutar en la Sala el Extintor de Zaragoza de esta excelente adaptación el próximo sábado día 25 de enero a las 9 de la noche.

Apunta: Antonio López Piña








Ficha Técnica:
Compañía: Aliencontrateatro
Reparto: Ricardo Ibáñez

Adaptación: Ricardo Ibáñez

BRAINSTORMING UNDERGROUND

Foto promocional
Los espectáculos de improvisación, de primeras, son un poco más espectáculos de miedo que de humor por la incertidumbre que generan en torno a lo que va a pasar y a cómo se van a resolver las situaciones. Pero tranquilidad porque en Brainstorming, Óscar Castro y Javi Zapa se organizan bien y no te pegan ningún susto. Al contrario. Hacen que te rías durante casi una hora y media, tocan la guitarra y cantan bien, con lo que les queda una obra muy completa.
Se nota que los actores se conocen y tienen método y práctica en el asunto de la improvisación. Quizá por eso reaccionan con agilidad ante las propuestas y no necesitan darse instrucciones en medio de la escena. Lo que crean sale ligero, gracioso y con continuidad. La representación mantiene todo el tiempo una estructura teatral que establece una frontera necesaria con el público. Entras y ves teatro, los personajes están unas veces mejor definidos que otras, pero todo el tiempo se interpretan situaciones. Los actores no entablan diálogos con el espectador ni ponen caras divertidas de justificación cuando la cosa fluye menos, sino que asumen los papeles que les van tocando y los mantienen hasta el final.
No hay, y esto es muy importante, homenajes al Club de la comedia. Nada de monólogos hiperenfáticos o gestos de manual.
La propuesta combina números ya preparados con improvisaciones que los actores montan, con agudeza y de manera inmediata, a partir de la extracción aleatoria de unos papelitos donde el público ha escrito previamente sus propuestas. Los temas fueron variados (culo-pedo-pis, colegas abusones, encuentros fortuitos en la sauna, rumanos limpialunas, turismo por el colon...) y las soluciones también. La canción del final, compuesta en directo sobre un tema sacado al azar de las sugerencias del público, sonó al ritmo y los acordes de Californication y remató la función con rima y con ingenio.
Cada obra es diferente, así que no tienes excusa para no volver si ya has ido y te gustó. Si todavía no la has visto, te recomendamos que te metas a cuerpo a pasar un buen rato bajo este Brainstorming. Tienes tiempo todavía este viernes 29 a las 21:00 de la noche en la sala El Extintor de Zaragoza, una sala pequeña con mucha personalidad que está habilitada en el subsuelo de la calle de las Armas a partir de una cueva bodega de ladrillos. Te va a costar cinco euritos si vas a lo que vas, y seis si andas en plan loco gastón y te tomas además una cerveza.






Brainstorming
Intérpretes: Javi Zapa y Óscar Castro
Viernes 28 de noviembre a las 21:00

MATAR A UN RUIN SEÑOR

Cartel de la obra
Un detective intenta descubrir al asesino de Perry. Perry es un empresario poco recomendable. Tres chicas trabajan para él en su local y aparecen como las principales sospechosas.
El detective Wunderstand cuenta con la ayuda del sagaz agente Wallom. Cuando aquel se atasca en la investigación, allí aparece Wallom con un imponente físico y una dialéctica preguntadora de inspiración socrática capaz de desentrañar los más recónditos secretos de las interrogadas. Wallom y Wunderstand mantienen inteligentes diálogos en el transcurso de las averiguaciones, pero hay que estar atento para seguirles porque son refinadamente sutiles.
Las tres sospechosas tendrán que someterse a la inquisición de Wunderstand para exponerle con detalle el tipo de relación que mantenían y los motivos que las enemistaban con el malo de Perry. El detective empezará a atar cabos, que no es tonta la policía.
Las chicas ponen a funcionar la maquinaria de la seducción con muchas y diferentes herramientas y, aunque no contaremos si acaban atrayendo a Wunderstand o no, lo que sí consiguen es seducir al patio de butacas al completo, al iluminador, al taquillero y hasta al mismísimo apuntador, que lo sé bien.
Son muchas las razones por las que no puedes perderte esta obra.
La interpretación está afinada por una excelente dirección que ordena pero no encajona a los actores. Nunca, ni una sola vez hay sobreactuación en la creación de los personajes y eso que la obra se mueve en un registro humorístico que podría disfrazar o justificar el exceso. Pues no. Los actores no se dejan llevar por la odiosa musiquita de la dicción falsificada, sino que se exponen con verdad y consiguen atraparnos y divertirnos desde el principio hasta el final.
Irene Alquézar, Susana Martínez y Minerva Arbués, nos conquistan desde la sobriedad, con una sensualidad elegante y alejada del machacado estereotipo de la estríper de barra o la fatal mujer fatal. Las tres despliegan con colorido los diferentes perfiles de sus personajes, que al no ser convencionales, están llenos de matices.
Óscar Castro, juega sin tics a detective torpe y vapuleado por el poderío de las chicas. Su interpretación es ágil y sin reiteraciones y transmite la ingenuidad con personalidad que pide el personaje.
La intervención de Francesc Tamarite como presentador del metaespectáculo con que se inicia la función es esencial porque nos orienta con su energía hacia el tono en el que sonará toda la obra.
Se emplean diferentes recursos del lenguaje cinematográfico que aportan ritmo y originalidad al montaje, pero no los vamos a desvelar. Tampoco vamos a decir nada más del malvado Perry, ni de si al final sale desnudo montado en un elefante rosa.
Lo que sí vamos a decir es que queremos ver de nuevo El caso Perry en la sala El Extintor de Zaragoza, que es donde la representó la Compañía Seis de Trébol desde abril a noviembre, o en el Palacio de la Ópera, nos da igual. Teatro inteligente y divertido que crea una ficción creíble y hace que salgas de la función con cara de felicidad y ganas de repetir. Volved, porfa.



HERMANO FÍGARO

Cartel de la obra
Fígaro y su esposa Susana acompañan al conde de Almaviva y su mujer en la huida tras el triunfo de la revolución. Una vez a salvo, Fígaro tratará de emanciparse y resolver sus conflictos matrimoniales y vecinales al tiempo que el conde se pierde poco a poco por el camino del lujo insostenible, el dispendio y la inadaptación a su nuevo estatus.
Un círculo de serrín bajo el esqueleto luminoso de una lona de circo enmarca la acción en El divorcio de Fígaro –un texto de Odön von Horváth adaptado y dirigido por Alfonso Lara–. Esa frontera física crea una línea permeable que hace posible presentar y jerarquizar acciones simultáneas y permite al espectador saber a qué atenerse: lo principal dentro, lo complementario fuera. Es muy conmovedora la escena en que Fígaro busca su espacio en Villa Gran Disputa dentro del círculo, mientras el conde dilapida su fortuna fuera.
La obra se articula en pequeños cuadros que implican saltos temporales y espaciales muy abruptos, pero el director les da continuidad y sentido de forma ingeniosa unas veces y poética otras. Gracias al juego de luces –magistralmente diseñado por Pau Ferrer–, a la atmósfera del humo y a unas transiciones orgánicas bien ensambladas, el espectador sigue el reloj, se ubica y disfruta descubriendo. A excepción de estos efectos, en la escena no hay más que el sillón de barbero de Fígaro y un equipo de excelentes actores. Juan Antonio Molina encarna un conde que hasta en la degradación final logra mantener su espíritu aristocrático. Inma Isla crea una comadrona enérgica y divertida que no quieres que se marche nunca. Manuel Brun interpreta al guardia de frontera y al encargado del cabaret con la misma credibilidad. Raquel Guerrero ambienta las transiciones y da personalidad distinta y verdadera a cinco personajes más. Y más...
Fígaro muestra las múltiples dimensiones y contradicciones de un carácter complejo. Toma decisiones difíciles que conllevan riesgos o pérdidas, y aunque asume las consecuencias, también duda y se reprocha en ocasiones haber obrado así. Es esto lo que lo humaniza. Sus acciones las endereza siempre a buenos fines que, si no son de hacer bien a todos, al menos sí son de no hacer mal a ninguno. Esto es lo que lo convierte en un héroe creíble ante el espectador. De este modo Fígaro sigue, por fidelidad, al conde en su destierro, decide después separarse de él y establecerse autónomamente en virtud de su deseo de independencia, soporta por necesidad la mediocridad de los clientes, se niega, aludiendo responsabilidad, a tener un hijo, perdona por amor el engaño de su mujer y acoge finalmente al desahuciado conde por humanidad.
Nos gusta mucho este Fígaro ético porque al presentarse como espejo de héroe humano, nos permite una identificación posible con el bien y restablece la creencia en que la acción buena y dignificante puede estar a nuestro alcance.
La revolución llegó a la mañana siguiente, después del fuego. Fue ahí cuando hubo que empezar a reestructurar las relaciones de producción y propiedad, cuando hubo que reparar a los dañados y escarmentar a los enemigos. El cambio de las banderas y la humillación de los antiguos ídolos fue parte obligatoria del guion, puesto que nadie negó que merecieran el escarnio. Bien. Las palabras que definen las verdades nuevas y las venganzas disfrazadas de justicia pueden seguir su curso. Nacerán siglas nuevas y los privilegios abolidos engendrarán nuevas felicidades. Correcto.
No obstante, la revolución profunda se librará por debajo del arrebato del vencedor y sus guirnaldas. Su objetivo debería consistir en desterrar los odios subterráneos y feroces, en aniquilar la impunidad de los que abusan, en salir a buscar las concordancias.
La Revolución no triunfará hasta que, como Fígaro, perdonemos los agravios y podamos entender Hermano cuando pronunciemos la palabra Hombre.






FICHA TÉCNICA
Adaptación y Dirección - Alfonso Lara
Reparto:
Inma Isla
Juan Antonio Molina
Micaela Quesada
Alfonso Lara/Israel Frías
Raquel Guerrero

VARIACIÓN Y FUGA DE BANCO PARA PIANO

Dos pianistas que conviven como pareja artística desde hace muchos años, toman conciencia, a través de puntuales desencuentros en la convivencia, de que los espacios físicos que comparten son  cada vez más pequeños. Es este el revelador hallazgo de un texto que nos hace ver que la realidad que entendíamos como más firme no es sino una representación susceptible de cambio, pues ha sido construida por emociones y creencias que también se mueven.
El texto, que es alambicado a ratos, tiene no obstante una pretensión naturalista que el director no siempre logra enfocar bien. El autor se preocupa por dibujar personas con matices y profundidad, personas que se equivocan y piden perdón, que dudan y se reafirman, que envidian pero también respetan, que son flexibles ante unas cosas y refractarias ante otras.
El exitoso Paco Mir orienta el trabajo de los actores hacia una interpretación especular, demasiado consciente de sí misma, lo que muchas veces no nos deja disfrutar de lo que podría pasar dentro de la caja. Escuchamos las voces con una curva melódica próxima al doblaje y nos sentimos desplazados, alejados del conflicto. Porque hay conflicto, ya que los protagonistas son contradictorios y por lo tanto veraces, con dimensiones que se irán desplegando a lo largo de la representación.
La trama está diseñada para encerrar con credibilidad a los dos personajes y obligarlos a hipertrofiar sus fricciones. Funciona esa arquitectura del desgaste y también la solución escenográfica que es limpia, sencilla, aporta margen, oxígeno y perspectiva a través de un gran ventanal con paisaje al fondo que simboliza todo aquello que les falta a los hombres pianistas en su relación.
Existen paralelismos con el cuadro blanco de Arte, claro, pero en La banqueta hay más universalidad en el planteamiento y sobre todo una mayor posibilidad de identificación por parte del espectador. Da igual que nos aproximemos a la obra desde las relaciones matrimoniales, de amistad, paternofiliales o de compañeros de piso. Si se dan las condiciones de proximidad, dependencia e inseguridad que experimentan los protagonistas, el problema estallará en estos mismos términos.

Si alguna vez te has sentido aprisionado por las paredes del piso que compartes, puedes ir a ver La banqueta al Teatro Galileo y constatar con alivio que no eres tan raro.







FICHA TÉCNICA
Autor: Gérald Sibleyras
Dirección :Paco Mir
Reparto:Ricard Borràs y Pep Ferrer

BROMEO Y JULIETA

Cartel de la obra
Una señora de sesenta y pico salía de la función diciendo, «maña, a mí lo que me gusta es el teatro de pensar» y su sobrina le respondía «bueno tía, que tampoco hace falta que esté uno todo el día ahí comiéndose la cabeza, mujer».
Por ahí va la cosa.
Si lo que quieres es una obra de las de pensar, sigue buscando que hay miles de premios. Ahora bien, si lo que buscas es una hora y cuarto de evasión, risa y abandono liberador del telediario o del INEM, Urbanitaz, de la compañía JUJA Teatre te lo pone fácil.
Juan Andrés González y Jano de Miguel presentan un espectáculo de humor, sencillo en la puesta en escena pero bien intencionado, divertido aunque sin grandes sorpresas. Los actores interpretan identidades variadas del cotidiano popular y las deforman con amabilidad, sin hacer daño. Un poco como Ibáñez con los habitantes del mundo de Mortadelo. Se proponen sacudirle a un superhéroe opusdeísta perseguidor de los homosexuales y meten un personaje con antifaz de purpurina, capa del mercadillo y gallumbos de colorines que es un Supercoco finalmente gay con el que te ríes mucho. O se inventan a un elfo cateto con las piernecitas de Arnaldo y el vozarrón de Constantino que es entrevistado por Iker Jiménez en versión cagueta. Recrean un Napoleón loco que pone a desfilar a Rosa Díez, a Rubalcaba y al otro, al genio de la barba, y también hay tiempo para un Romeo de cacafuti y una higiénica Julieta de papel.
Con una escenografía mínima, sin proyecciones ni más aparato que humo de discoteca y dos o tres canciones, te enganchan en el juego y te divierten si aceptas las normas básicas que proponen.
La obra se hace corta porque apetece un poco más y no porque le falte nada, ya que no pretende una estructura ni un hilo conductor ni una sucesión encadenada. El objetivo es sacarte la primera sonrisa y hacer que se mantenga durante el resto de la obra. Y lo consiguen. Hacen que te olvides del reloj y de ti mismo, que ya es conseguir.
Si estás en Zaragoza hoy viernes 8 de noviembre, todavía tienes tiempo de acercarte esta noche al Teatro Arbolé y pasar un rato descomplicado con un buen par de actores cómicos que mañana se vuelven a Valencia. Si te sientas en la butaca naranja de la fila cinco lo vas a ver todo muy bien y muy centrado, incluso puede que hasta salgas a desfilar al escenario.







FICHA TÉCNICA
Actores: Juan Andrés González y Jano de Miguel
Autor y dirección: JUJA Teatre
Escenografía y vestuario: Joan Miquel Reig
Atrezzo: Enric Juezas
Sonido: Agustín de Miguel


AUTORRETRATO DE UN ACTOR VALIENTE

Cartel de la obra
Alberto San Juan, autor y protagonista de este Autorretrato de un joven capitalista español , sale al Teatro de las esquinas de Zaragoza a exponerse. No se sube al escenario a representar una historia de otros, sino que sale a contar la historia de todos y de paso a jugarse su nombre y su futuro.
Alberto San Juan decide utilizar su renombre y su pasado para explicar al espectador, desde la primerísima persona, un periodo muy oscuro de la historia de España. El que va desde la legitimación del régimen del dictador Franco por parte del Gobierno estadounidense en los años 50, hasta el expolio del Estado del Bienestar actual.
Lo interesante y lo valiente es que cuenta lo que no han estudiado nunca los ESOlares en sus libros de texto, lo que jamás dijo Victoria Prego en su Evangelio por capítulos y lo que tampoco El País iluminó desde su catecismo guay y molón de los ochenta.
Alberto San Juan se compromete, no se oculta detrás de una careta ni de un apellido ficticio, no crea un personaje burladero desde el que lanzar las piedras escondido, sino que va de frente, con su cara de actor famoso, con su historia cierta de estrella de cine. Sale a darle otra manita al muro que ya habían pintado antes Vicenç Navarro, Monedero, Grimaldos, Eslava Galán, Tamames, Taibo y muchos otros desde la universidad. La diferencia es que pinta lo mismo pero desde el teatro. Ahí es donde está la novedad y también la grandeza.
Al contrario de lo que pueda parecer, su propuesta no es una conferencia sino una obra de teatro heterodoxa y diferente, y como tal está concebida. Precisamente por ser teatro, su voz resuena con más fuerza en el que escucha, ya que parece estar fuera de donde corresponde. A nadie le sorprende que el profesor Verstrynge exponga desde su aula esos mismos asuntos, pues la cosa queda donde tiene que quedar y el contexto en que se produce, por muy transgresor que sea su contenido, ampara y habilita su discurso. Lo admirable de la obra de Alberto San Juan es que impacta en el espectador por descontextualización, porque parece que decir lo que dice ni toca en ese lugar ni en ese momento. Pero sí que toca.
El autor ejerce su libertad, documenta el relato, interpreta y divierte, reflexiona, recuerda y se critica poniéndose de ejemplo negativo, utilizando sus propias actitudes a modo de paradigma del error. Y todo sin salirse de su nombre.
Los estetas, los ladrones, los acomodados, los asesinos, los cobardes, los profetillas del no y los que creen que se salvan en héroes de cartulina y ala triste, van a decir su frase de maldad o de burla si por error ven la obra. Van a intentar llegar hasta la sangre con su látigo. Van a pedir la cabeza de San Juan. Bueno.
Con esta obra, Alberto San Juan se mete entre los grandes de verdad porque abre una vía. Pasa con las vanguardias verdaderas que nacen como una necesidad tras la extenuación de un modelo caducado y sin gas, un modelo que ya no sirve para comunicar lo que es imprescindible. Nacen las vanguardias verdaderas motivadas por un deseo trascendente, es decir, no buscan definirse como vanguardia, que es un término estético y pasajero, sino como solución que es un término existencial y político.
Y eso es lo que hace Alberto San Juan. Introduce en el teatro un lenguaje nuevo que hacía falta, rompe con sentido muchas de las absurdas convenciones que se exigen a un texto interpretado, expone con claridad unos hechos que no necesitan maquillaje para emocionar sin trampas, descubre al espectador una historia censurada cuyas perversas consecuencias sufrimos cada día y lo mejor de todo, alienta en el final una esperanza.






Ficha técnica:
Autor, dirección e interpretación: Alberto San Juan
Iluminación: Raúl Baena


UNA VISIÓN GLOBAL BASTANTE APROXIMADA... DE GALAZPI

Foto promocional
Unos zingarozanos de los Cárpatos rumanos le llevan dando un homenaje musical desde hace quince años al abuelo Dimitri, violinista superlativo, ciudadano ejemplar de Galazpi y manco finalmente. Parece que esta última condición le causó al maestro ejecutante algún problemilla para continuar con su exitosa carrera.
Los nietos, primos entre sí, le ofrecen en señal de respeto todas y cada una de las piezas interpretadas al patriarca, el cual, de ceniza presente, asiste al concierto sin decir ni pío el hombre. El que sí dice es el primo Ioaqim, fino saxofonista y líder de la banda, que no calla el tío en su afán de dar cuenta de los motivos por los que honrar al venerado Dimitri. Habla mucho, porque son muchas las hazañas que tiene que contar, lo bueno es que lo hace en un perfecto Galazpiés, con ese garboso acento tan característico del norte de Galazpi, que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Galazpi. Lo malo es que el primo Yuri, guitarrista, veloz digitador, hombre viajado y políglota lo va traduciendo todo, pero en el camino, claro, se va dejando cositas y eso se nota.
Mientras tanto, la prima Tereza bebe una gotica y se obsesiona con completar una cara al menos del cubo de Rubick, que eso sí que tiene arte y es difícil, y no la chorrada de bailar y tocar al violín la Csardas de Monti para darle gusto al primo, que siempre hay que hacer lo que diga el primo.
Al menos el otro primo, Evgen, es un chico de provecho con la cabeza en su sitio. Vale que tiene el defecto del ritmo metido en el cuerpo, pero sabe que los conciertos no van a durar toda la vida y por eso se está iniciando en una profesión seria, trabajando dignamente en el negocio de la importación y venta de armas. Le pone voluntad, que es lo que importa, y no le va mal de momento al muchacho, pero no parece que este de las armas sea un negocio con futuro. Pobre.
Como es un Funeral, ni te puedes reír, ni puedes dar palmas, ni cantar, ni pasártelo bien porque Ioaqim que está tan serio siempre, se enfada. Con nosotros, que éramos una sala completamente llena, estuvo enfadado todo el rato por nuestra falta de respeto. Al final, como tiene buen corazón, se le acabó pasando el cabreo y terminamos haciéndonos fotos y aplaudiendo a la salud de la música y del abuelo Dimitri, que esté en la gloria.

Si tenéis suerte y han logrado reunir las cenizas del malogrado después de lo del accidente, a lo mejor cogéis sitio en el próximo velatorio que organicen en su honor. Ahora la compañía Che y Moche está en la Habana y antes estuvo mucho tiempo en la Gran Vía de Madrid. Nosotros asistimos al duelo en la Sala Cero del Teatro de las Esquinas de Zaragoza y lo pasamos de muerte, usté ya me entiende.








TEATRO

Foto promocional de la obra
Un señor levanta la voz desde el patio de butacas vestido de roquero chulo con zapatos de serpiente. Habla con el público acerca de los asientos de la sala, comenta con los que están buscando su sitio todavía que hay que ver cómo está el tiempo mire usted, que si el tráfico fatal y que vamos a tener que ir empezando ya, señora. Hace sonar una campana, se mete en el escenario y comienza la función.
Tal vez habría que decir que comienza la lección, porque eso es lo que José Luis Esteban imparte durante una hora y media sobre el escenario del Teatro de las Esquinas de Zaragoza.
El personaje de Pablos nace delante de nuestros ojos, sin oscuro y sin telón. El actor se desviste de chaqueta y de zapatos y estamos en el siglo XVII. En camisón y calzas, el pícaro ya adulto nos cuenta a través de las peripecias de su infancia y juventud cómo ha llegado a ser lo que es. Ese transformarse y desnudarse públicamente es también una declaración de intenciones.
El actor toma un texto complejo y se pone detrás de él, a su servicio, sin echarle sombra ni hacer alardes de ningún tipo porque no los necesita. Mide las intensidades y los ritmos, acaricia las palabras honestamente, sin blandura, sin micrófono. Se ríe de verdad y agarra los objetos y recuerda y camina por las calles de Segovia de verdad también. José Luis Esteban no enchufa la maquinita de actuar en modo obra clásica, sino que interpreta profundamente, sin lugares comunes, sin forzar nada ni a nadie, creando una compañía de personajes humanos, vivos y distintos con solamente su oficio.
Igual que en las obras de Velázquez, todo está en el cuadro. Igual que en las obras de Velázquez, nada está en el cuadro. La mano del pintor en Las Meninas no existe, es tan solo una mancha con ilusión de dedos. Los objetos que acompañan a Pablos, sus sillas, sus mesas, su caballo, su escuela o las ventanas a las que se encarama, están en el escenario, las hemos perfectamente visto y podríamos decir cuál es su tamaño y su textura, ¿y qué hay realmente...?
Lo que hay es algo que dejamos en secreto para que lo descubran cuando vayan a ver la obra, porque tienen que ir a verla. Cuando El Buscón llegue a su ciudad, posponga los compromisos, saque quince euros de donde sea y no deje que se le escape esta maravilla porque la recordará en la belleza de sus olores y verdades quizá durante toda su vida.







Ficha artística:
Actor: José Luis Esteban
Dirección: Ramón Barea
Producción: Teatro del Temple


APLAUSOS POR LA CLASE

Foto promocional de la obra
Marx en el Soho es un monólogo biográfico en el que el filósofo se presenta revivido ante el público en el Soho, pero no en el de Londres, donde vivió, sino en el de Nueva York. Cuando se estrenó la obra en 1999, su autor, el profesor e historiador norteamericano Howard Zinn, ya llevaba cuarenta años reivindicando en sus libros los derechos civiles, la justicia social para las clases más desfavorecidas y el antibelicismo. También es el responsable de La otra historia de los Estados Unidos donde propone una visión alternativa y muy crítica respecto a la versión oficial de la historia de su país.
La compañía La casa escénica nos presenta en el Teatro del Mercado de Zaragoza un montaje en tono de comedia, coherente con la intención original de la obra escrita. No hay que temer discursos grandilocuentes vociferados en un lenguaje sindical porque bien se ocupó el autor de evitar la recreación banal y estereotipada de un revolucionario gritón. El Marx de Marx en el Soho es un hombre, un hombre bueno preocupado por la explotación y el dolor que sufren otros hombres y mujeres a causa de un mecanismo de distribución de la riqueza profundamente injusto. Es también un activista febril obsesionado con su trabajo intelectual, un hombre paradójicamente más idealista que materialista y capaz de subordinar el drama familiar o incluso la humillación personal a su labor revolucionaria, a su misión redentora y universalista.
La directora de la obra opta por un equilibrado despliegue escenográfico. Elementos sencillos que en manos del protagonista evocan a veces con muchísima belleza aspectos de su vida privada o le sirven para exponer de manera simbólica los acontecimientos de la Comuna de París, por ejemplo.
Marx es interpretado en una gestualidad abiertamente no naturalista, mediante una imitación del acento alemán o ruso y tras el parapeto de una enorme barba-máscara. Este aspecto ficcional en la construcción del protagonista, podría ser entendido también como un elemento que le proporciona coherencia. Es decir, si la obra tiene su génesis en un acto tan fantástico como es la resurrección de los muertos, el personaje, para ser creíble, tiene que hablar y moverse dentro del espectro de lo fantástico e irreal. Interpretar a un comunista resucitado un siglo después de su muerte en la metrópolis del capitalismo con los parámetros que utilizaríamos para caracterizar a un Tío Vania o al Doctor Stockmann sería grotesco.
La obra es imprescindible por la historia que cuenta, pero además lo es por cómo la cuenta. Admiramos la heterodoxia inteligente de Howard Zinn por elaborar una excelente clase sobre Marx y sobre algunos aspectos básicos del Marxismo y convertirla en teatro. Una clase para todos los cursos, divertida e interesante, donde se trenza la vida personal del filósofo alemán con su doctrina política y esta a su vez con la infraestructura económica que le tocó vivir.
Teatro y pedagógico son dos términos que parecen componer hoy un oxímoron casi de la misma magnitud que ministro dimisionario o banca ética. No tanto. Pero sí hay en el arte actual una hipertrofia de las manifestaciones intimistas, autorreferentes, personales y originalísimas que empiezan y acaban en el sujeto Yo. Necesitamos más teatro que quiera enseñar deleitando, como decían los ilustrados, y más compañías como La casa escénica que se atrevan a llevar a los escenarios esas obras. Vaya a ver Marx en el Soho cuando tenga la oportunidad y al finalizar aplauda a Alfredo Abadía como actor y como trabajador, pero imagine que también está dirigiendo sus aplausos al profesor Zinn por la clase que acaba de impartir. Y es que a los profesores nunca les aplaude nadie y también se lo merecen.




GABINO EL DE GABINO

Cartel de la obra

Gabino Diego maneja muy bien el personaje de chico bueno y sensible. Hay algo en él que hace que sea imposible que te caiga mal. Quizá esa imagen de perdedor un poco feo, ingenioso y de buen corazón, ese perfil de chaval cojonudo que toca la guitarra y aprecia la poesía pero no termina de encontrar el amor, tal el que interpretó en Los peores años de nuestra vida.
Básicamente es ese character el que retoma en este espectáculo con el que llena la sala del Teatro de las esquinas de Zaragoza, si bien es cierto que en algunos momentos el protagonista nos confunde un poco al adoptar un extraño tonito de voz como de niño pequeño que quiere un helado todo el rato, jooo. Lo adopta y lo mantiene casi siempre que se interpreta a sí mismo, es decir, mientras hace del Gabino de Una noche con Gabino (diez años después). Y digo que confunde porque es un tono con el que se aleja del personaje de tío ingenuo pero en el fondo listo que esperábamos.
Gabino Diego nos propone un espectáculo fundamentalmente de humor a través de imitaciones, anécdotas y equívocos, como el que se produce cuando enumera con penita la lista de actores muertos en los últimos años y el público nos echamos una carcajada sonora y transgresora anticipando que la cosa vaya de risa y lo que pasa es que la cosa no iba de risa. Entonces nos morimos de vergüenza y nos reímos por no llorar, que también cuenta como reír. Además hay música en directo interpretada por él, poemas recitados y múltiples personajes de reparto con distintos acentos y personalidades. Los bártulos son mínimos, una silla, una guitarra y a veces ni siquiera eso, pero no importa porque el escenario nunca se queda vacío de energía. Entre lo que él ofrece y lo que el público pone de su parte, la función marcha hacia adelante.
Así, la mayoría del tiempo estamos o riéndonos o en expectativa de una risa que casi siempre se consuma de uno u otro modo. Son muy divertidas su imitaciones de Quique San Francisco, de Fernán Gómez, de Agustín González o de Jorge Sanz, pero lo mejor es oírle contar lo que dice que Toni Leblanc dijo una vez de él.
Podríamos pasar horas y horas escuchándole recordar las aventuras que vivió en sus rodajes, las peripecias de su experiencia americana cuando el Oscar de Belle Époque, sus vivencias con las estrellas del cine y del teatro con las que trabajó y sigue trabajando. Mola mucho, pero mucho, cuando se pone verdadero y no tanto cuando recrea ficciones como la del doliente buscador de un amor esquivo y pelirrojo.
Al terminar la representación, Gabino Diego se marcha por el lateral antes de volver para saludar. En su retirada, le vemos corretear de una forma muy acorde con el dichoso tonito; arrastra los pies, deja las manos lacias y agacha la cabeza. Un señor que no había parado de reírse y disfrutar durante todo el espectáculo me pregunta, oye, ¿pero es que anda así de verdad o qué? Yo le digo que no lo sé, y que me parece que eso solo lo hace cuando interpreta al Gabino de Una noche con Gabino, pero que si quiere podemos esperarnos media hora y observarle disimuladamente al salir del teatro, porque a mí también me intriga saber cómo anda el Gabino-Gabino, vamos el Gabino verdadero.



HAMLET GÓMEZ

Foto promocional de la compañía
Disléxico pregón, prólogo mucho más divertido si nos quedamos en el ingenio meramente. Monólogo de delantal y culo al aire. Picardías en verso sin terminar para que las rime el público. Magistral dicción de Joaquín Murillo. Música en directo con matices; acordeón de circo melancólico y un violín virtuoso. Guitarra casi por alegrías y saxo para payaso triste de paisano. Dulce danza de Noche aérea, majia con jota sobre la cuerda floja y barbudas «vedettes» con pajarito. Todo esto en el Teatro de las Esquinas de Zaragoza.
Jaime Ocaña abre con medida la cuarta pared y la va entrecerrando con criterio para que la voz del respetable no inunde la faena desde la grada. Hay una excelente conexión entre los dos actores masculinos mientras interpretan sus no-improvisaciones en pareja. Entran al pie justo y no alargan el discurso cuando sale gracioso. El diálogo es fluido y ágil, coreografiado pero vivo, no se engancha ni suena repetido.
Hay tiempo para honrar a Marianico y sus juegos de palabras traídos por los pelos debajo de la boina, pero también para una crítica inteligente y divertida sobre la utilización falsificada y pervertida del lenguaje por parte de los políticos y sus medios afines.
La función mantiene el ritmo y nos abre el apetito de cada siguiente número gracias al acierto de una escenografía sencilla pero estratégicamente ubicada con anticipación. ¿Para qué servirán estos hierros? ¿Por qué está ahí esa silla? ¿Es solamente adorno el encaje colgando del teclado? ¿A qué viene ahora una maroma cruzando el escenario?
Berlinz Cabaret Canalla de Jaime Ocaña se mueve voluntariamente a dos velocidades, una más refinada y otra popular, y es esto precisamente lo que le aporta seguridad; saber que puede elegir dónde montarse. Por eso se atreve, porque no tiene complejos. Es capaz de meter bulla con las castañuelas sin ruborizarse porque para algo vendrá luego el silencio poético del Circo del Sol. Así la guitarrita de Chiquilicuatre se equilibra en el violín maravilloso de Teresa Polivka y los hermanos Calatrava se asoman a la pista guiñándonos un ojo porque en el fondo no son sino el trasunto del Clown y del Augusto.




MUCHAS GOLFAS EN LA GOLFA

Cartel de la obra
Microdinero por teatro
Condenados como estamos a la libertad de tener que elegir siempre, parece que el contenido de nuestras decisiones no deja de ser una cuestión contingente, de magnitud. Si lo esencial es tener que decidir, mejor que seamos nosotros los sujetos agentes de la acción y no que acabemos como sujetos pacientes del devenir, que es también elección que nos afecta, pero tomada por otros. La consecuencia de cualquier toma de decisión deriva, como es obvio, en un problema moral si lo contrastamos con nuestro marco cultural de valores, o ético si lo hacemos consonar con la humanidad en su conjunto. Esto significa que al optar abrimos un dilema sobre el bien o el mal, pero entretanto hemos resuelto el problema existencial. O sea, que si tu mujer no te quiere y necesitas que alguien te quiera y no tienes a nadie a mano que gratuitamente te ofrezca un desinteresado amor, pues puedes ir a putas. Que eso esté bien o mal es otro tema.
Nico Aguirre nos mete en la intimidad de la habitación y allí se consuma el conflicto relacional entre un hombre solo y una mujer. Jorge Cabrera sabe sacarle partido a un texto complicado precisamente por ser sencillo. Bucea en el naturalismo para componer un personaje-símbolo sí, pero no un estereotipo. Los matices de su interpretación y su magnífica voz sostienen y remontan un parlamento que nos suena. Andrea Trepat explota una faceta sutilmente cómica en un personaje que descontrolado sería una caricatura. Pero no lo es. Ella lo para y lo sostiene mimándolo hasta el final.
El autor de Playback propone una solución dulce y creíble que funciona bien y bonito dentro del ámbito de un planteamiento realista tanto en su puesta en escena como en el contenido de los diálogos.
A veces, muchas veces, un problema puede solucionarse con un poco de teatro y la ayuda del viejo pacto de ficción consentida. Unas ocasiones la terapia se desarrolla en un escenario y otras fuera de él. Eso sí, hay que pagar a los actores, y si es posible, pagarles bien.


Título: Playback
Texto: Nico Aguerre
Dirección: Nico Aguerre 
Interpretación: Jorge Cabrera y Andrea Trepat 




Cartel de la obra
Una buena interpretación que mantiene la atención de los espectadores acertadamente encerrados en la sala, ya que los actores bloquean la puerta para que tengan que vivir lo que David Ortiz Sánchez (actor y dramaturgo de la obra) y Julián Teurlais nos tienen que desvelar.
El texto mantiene la tensión jugando al desconcierto entre la relación de los personajes, el desenlace es previsible pero no por ello deja de ser impactante, sobre todo en su forma.
No quiero contar más, ya que el titulo cuenta demasiado en mi opinión.
Los amantes de las buenas interpretaciones lo agradecerán.






Texto: David Ortiz Sánchez
Dirección: David Ortiz Sánchez y Julián Teurlais
Interpretación: David Ortiz Sánchez y Julián Teurlais
Escenografía: Teurlais&Ortiz Producciones 



Cartel de la obra
«Lo bueno si breve...» ya se sabe el final. Y lo bueno si repetido... pues mejor también, como digo yo. Walter ego es el ejemplo de esto que os comento. Con veteranos en el mundo del microteatro es fácil haber encontrado la fórmula del éxito. En Walter la tenenos: una breve comedia con giros inesperados que te van sorprendiendo hasta que llega al desenlace que, quizá un tanto mareado por tanto giro, nos hace darnos de bruces con la realidad a la que estábamos asistiendo. Una cita a cuatro que no es otra cosa que el diálogo que siempre tiene uno con su peor enemigo en los momentos claves de su vida, que como vemos en esta micropieza, siempre es uno mismo. Un juego de egos que tiene como fondo la prostitución del que escribe, y la suerte de los personajes que «a lo Pirandello», pero sin el matiz trágico, consiguen salvarse de lo que parecía la crónica de una muerte anunciada. Peor suerte corre otros de los personajes de la obra. Pero como suele suceder en el teatro, todo es mentira o por seguir con los tópicos, todo en el teatro es «puro teatro». En fin, que después de salir de este micro y ver cómo los actores (Juan Martín Gravina, Darío Frías y la bella Mariam Torres) se lucen, pero que muy bien en sus circunstancias dramáticas, uno se alegra de ser una persona de carne y hueso, bueno si es que somos eso y no puros personajes salidos de la pluma de algún dramaturgo torturado o pendenciero que vende nuestra alma —su alma también— al mejor postor. Si yo fuera uno de ellos, un personaje, digo, no me importaría haber salido de la cabeza de Luis Sánchez-Polack.






Texto: Luis Sánchez-Polack (sobre una idea de Juan M. Gravina)
Dirección: Luis Sánchez-Polack (sobre una idea de Juan M. Gravina)
Interpretación: Juan Martín Gravina, Darío Frías y Mariam Torres.


Cartel de la obra
El quinto sentido
La propuesta de José Luis Lozano, Gracias por querernos así, nos acaricia y nos pega en diferentes sentidos. A través de sus personajes nos presenta, nos desarrolla y nos concluye una escena sin aspavientos, sin giros inesperados, sin efectos especiales. Es lo que crees que es y pasará lo que crees que va a pasar. Expresión directa y pegada al suelo. Con sencillez, sin dobles sentidos.
Las actrices Bianca Kovacs y María Ivanova interpretan con sobriedad y un erotismo latente pero contenido, un texto sólido en sus juegos con el idioma. También reinterpretan de un modo voluntariamente grotesco a algunos personajes masculinos no amorosos y amables precisamente, pero acometen su recreación como si se tratase de un juego, con un liberador sentido del humor que sirve para conjurar el drama que por ellos padecen.
El director le da a la pieza vigor en el vocabulario y energía en la acción porque no quiere ni rozar el almíbar, la musiquita triste y el frío negro del polígono. Nada de bracitos frotándose las mangas, nada de castañeteo de dar pena. Sin ñoñería pero con sentido y sensibilidad.
Las actrices te observan, te escrutan pero no te juzgan ni te insultan. Te hacen sentirte presente, eso sí. No dejan que te escapes. Tú mira, pero que sepas que también te miran. No dejarán que pienses que estás en Internet oculto y amparado, transgrediendo con una mano en el ratón. Viajan hasta la frontera y poco antes de llegar se detienen, miran de nuevo y retroceden. No ponen a prueba nuestro sentido del ridículo porque no llegan a individualizarte, aunque a veces lo parece. No eres visto por ellas como enemigo, ni como pervertidor ni como chulo, pero sientes que mantienes todo el rato la risa-mueca como escudo. Je, je, qué razón tenéis. Je, je, no sabes cómo entiendo lo que decís y eso.
Somos testigos de una injusticia atávica, estamos en medio de una conversación sobre la explotación del hombre por el hombre (bueno, de la mujer por el hombre) repetida durante miles de años y nos estamos descojonando. Notamos que somos parte de algún modo de ese abuso consentido, pero como lo experimentamos sin culpabilidad, puede que no nos afanemos en echar esas imágenes de nuestra cabecita a toda velocidad. A lo mejor hasta nos da para repensar sobre ello.
Nosotros te recomendamos que vayas a verla, que disfrutes de la interpretación y que no bajes la mirada. Hay mucha vida real y un excelente enfoque. Ahora, si lo que quieres son cambios sorprendentes, fantasmadas y volantazos de guion de última hora, mejor es que te quedes en casa y te pongas El sexto sentido.


Texto: Jose Luis Lozano
Dirección: Jose Luis Lozano
Interpretación: Bianca Kovacs y Maria Ivanova


Fechas y Horarios  de todas las obras:
Del 4 al 26 de octubre
Viernes 4 pases desde las 23:30
Sábados 6 pases desde las 22:30 
 4€ por función.