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UNA SOLISTA MUY BIEN ACOMPAÑADA

Cartel de la obra
Duet for One es una obra del dramaturgo inglés Tom Kempinski, estrenada por primera vez en 1980 e inspirada en la vida de Jacqueline du Pré, considerada la mejor violonchelista del siglo XX. Aquejada de esclerosis múltiple, se vio obligada a abandonar la música con 28 años, en la cumbre de su carrera.
Este es el punto de partida del montaje que estrena Juan Pastor en La Guindalera. La obra se centra en las sesiones que Stephanie Abraham —María Pastor— mantiene con su psiquiatra, el doctor Feldman —Juan Pastor—, durante las cuales debe hacer frente a las emociones surgidas a raíz del fin de su vida como violonchelista.
Para Stephanie, tocar el chelo no solo es su oficio, ni siquiera su pasión, es toda su vida: lo que le permitió superar el duelo, lo que la unió a su marido, lo que le brindó admiración y reconocimiento internacional. Entonces, ¿qué hacer cuando la enfermedad se lo arrebata? ¿Cómo evitar la tentación del suicidio cuando el centro de gravedad de su mundo implosiona?
María Pastor interpreta con maestría a una mujer llena de energía vital, con una voluntad de hierro, que se niega a resignarse, pero también sarcástica y agresiva. El psiquiatra es el espejo en el que se refleja la artista, el guía encargado de ayudarla a asumir su nueva condición, aunque para ello tenga que encajar los golpes y jugar con los límites de la relación médico-paciente.
La puesta en escena es sencilla, dejando el protagonismo al texto y la interpretación. Los movimientos están condicionados por el uso de la silla de ruedas, un reto en un escenario, pero muy bien llevado aquí.
En definitiva, una interpretación brillante de un texto durísimo, tomado con una dignidad que se agradece teniendo en cuenta lo íntimo de la situación. Un gran momento de teatro, a disfrutar a partir del 9 de octubre.






Ficha artística
Stephanie Abraham: María Pastor
Dr. Feldman: Juan Pastor
Dirección: Juan Pastor
Ayudante de dirección: José Bustos
Vestuario y ambientación: Teresa Valentín-Gamazo
Iluminación: Sergio Balsera
Asesor terapeuta: Ignacio Jaenicke

TRES CARAS DE LA MISMA MONEDA

Masked nos muestra que la historia de la humanidad rueda y rueda sobre tres papeles que tiende a adoptar el ser humano: el de salvador, el de víctima y el de verdugo, y así se desarrolla. Serán precisamente estos tres vértices del triángulo los que decoren cualquier conflicto que viva una sociedad, concretándose y agudizándose hasta límites más dolorosos si se dan en el seno mismo de una familia. Pues bien, esta es la historia que nos ha querido contar Ilan Hatsor, un autor israelí que decidió meterse en la piel del palestino, en concreto de tres de ellos, hermanos, y contar así una historia que desde luego merece la pena ser contada y sobre todo vivida, sentado en una butaca, claro. Esta pieza teatral, estrenada ya en más de 100 países del todo el mundo desde 1990, se enmarca en el contexto histórico y socio-político de la primera Intifada (1987-1993) irguiéndose sin embargo, como las buenas obras de arte, sobre el trono de lo universal. Los tres personajes son tan auténticos como cualquiera de nosotros, tridimensionales y palpables, verdugos, víctimas y salvadores a la vez, sin ningún rol y con todos simultáneamente pero pasando de uno a otro y sin dejar de ser ninguno en el fondo.
Esta interesante propuesta de la sala La Guindalera ha sido dirigida en una excelente labor por Irina Márquez quien, a pesar de la dificultad del texto, ha conseguido crear un resultado magnífico que pondrá los pelos de punta a cualquiera que se pase por allí. Este mérito obviamente no solo corresponde a la dirección sino también a la interpretación, la cual está formada por Antonio Lafuente, Pedro Santos y Álvaro Vázquez, los tres magníficos en sus papeles, muy difíciles y duros. Otro elemento teatral indispensable en esta pieza que llamará la atención del espectador es la escenografía. Esta, aunque simple, es lo suficientemente necesaria tanto en el plano estético como en el dramatúrgico, expresando el texto con una sencillez a la vez amarga y bella.
Este conflicto entre hermanos, hijo directo de otro conflicto fratricida a escala mucho mayor, expone al ser humano a su más vergonzosa esencia, intrigando al espectador, obligándolo a preguntarse quién es el enmascarado. Tratar de posicionarse frente a alguno de los tres personajes así como intentar identificarse solo con uno de ellos resultará imposible puesto que, como irá descubriendo el espectador a lo largo de la obra, los tres personajes constituyen su propia alma.



FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA

TRADUCCIÓN: Álvaro Vázquez (a partir de la versión en inglés Masked de Ilan Hatsor, traducida por Michael Taub. Ed. Samuel French. INC)
DIRECCIÓN: Iria Márquez

REPARTO: Antonio Lafuente, Pedro Santos y Álvaro Vázquez

DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Sergio Balsera
ESPACIO SONORO: Víctor Abad
ESCENOGRAFÍA y VESTUARIO: Seven Inks
PRODUCCIÓN: Seven Inks y Álvaro Vázquez
PRODUCCIÓN EJECUTIVA: Seven Inks
DISEÑO DE CARTEL Y MARKETING: Alberto Benéitez
BOCETOS DE ESCENOGRAFÍA Y FIGURINES: Alberto Benéitez

¿DE QUÉ ESTÁ HECHA LA REALIDAD?


«Recuerda que siempre existen tres enfoques en cada historia: mi verdad, tu verdad y la Verdad»
Mohandas Karamchand Gandhi

Oscuro. Se oyen unos pasos y un mantra celta en forma de canto. La luz se posa sobre Francis Hardy… y aquí comienza toda la grandeza de esta obra exquisita dirigida por Juan Pastor, un cuidador de los textos, un mago de convertir actores en excelsos personajes.
Una obra plagada de subtextos: Una metáfora sobre las vidas de muchos artistas, una lectura de la derrota, un canto al suicido lento en vida, un puzzle sobre cómo construimos la realidad dependiendo de las percepciones, una reflexión sobre la identidad o sobre el desarraigo, y quizás muchos más.
La historia nos convierte en espectadores activos de su desarrollo: piensas, dudas, sientes, amas, reflexionas, y sonríes.
No olvidemos que su autor Brian Friel es considerado uno de los dramaturgos contemporáneos más importantes de la escena actual. Este autor ama las imágenes y los juegos de memoria y es uno de los más queridos en el repertorio del teatro deLa Guindalera, siendo este ya su cuarto montaje basado en textos de Friel.
Este texto cobra vida encima de un escenario con una puesta minimalista, a la que aún le sobrarían elementos o transiciones solo por el placer de fijar únicamente toda nuestra atención en los tres monólogos claves de la obra, y admirar el trabajo inmenso, engranado como una buena maquina, de tres profesionales de la actuación de esos que se escriben con mayúscula, dirigidos con precisión y conocimiento.
Abre la escena Frank, el curandero o estafador según se perciba, un irlandés que recorre Escocia con un espectáculo de poca monta basado en unos poderes de sanación muy dudosos. Frank (Bruno Lastra) es mentira y verdad, y aquí radica la complejidad escénica de este personaje. Bruno Lastra, despliega en escena algo muy complicado de interpretar: un interprete que se interpreta a sí mismo constantemente, un personaje que se define muy bien cuando dice «siempre estábamos con un pie en lo absurdo y otro en lo transcendente» y a la vez solo parece un charlatán de feria. Bruno lo hace con maestría, con una sutileza quizá complicada de percibir, marcando las palabras como si siempre estuviera en un presentación de sí mismo, quebrando hacia la verdad en escasas ocasiones, porque su personaje no se permite ser vulnerable ante la miseria que acontece en todo lo que cuenta.
Y después de que el curandero nos cuente su versión de la historia, llega su amante-esposa y nos rasga las entrañas. Grace (María Pastor) desnuda su alma retratándose como alguien que «mide sus progresos por el número de horas que duerme, el alcohol que bebe y los cigarros que fuma», pero ante todo perfilando su inconmensurable amor a Frank. Es difícil explicar con palabras, porque se quedan cortas, lo que María Pastor hace con el personaje de Grace, solo decirles que si aman el teatro y disfrutan con la grandes interpretaciones tienen que sentarse a deleitar en lo que convierte, esta grande de la actuación, al personaje valiente, frágil, trágico y lleno de amor de Grace.
El tercer monólogo que construye este puzzle de la vida del Francis Hardy es el de su representante Teddy un personaje grotesco, una caricatura dolorosa de las penurias del mundo del espectáculo. Entonces Teddy (Felipe Andrés) con su estrafalario vestuario y bebiendo cervezas como un dandy venido a mucho menos, nos cuenta su versión de la historia. Felipe, con una gran interpretación tragicómica, hace una parodia vívida y calculada de Teddy. Encarna con maestría corporal al viejo que no es por edad y cada uno de los vértices cómicos y trágicos del representante. Arranca risas y provoca dudas.
Al volver Frank al escenario pensamos que vamos a resolver el misterio que sobrevuela cada monologo… quizá lo resolvamos o no, y esta es la maravilla de lo que estamos viendo sobre la tablas.

La obra se estrenó en marzo de 2012, con el mismo elenco y dirección, obteniendo excelentes críticas de prensa y público. Ahora en el teatro de La Guindalera (C/Martínez Izquierdo,20) nos dan la oportunidad de que volvamos a emocionarnos con ella hasta el 2 de junio.
Teatro contemporáneo en estado puro, limpio y mimado por todos los que lo llevan a escena.





REPARTO
Frank: Bruno Lastra
Grace:
 María Pastor
Teddy:
 Felipe Andrés
Traducción: ManuelBenito
Producción y ambientación:
 Teresa Valentín-Gamazo
Iluminación y Espacio escénico:
 Juan Pastor
Dirección:
 Juan Pastor