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EL QUE CANTA SU MAL ESPANTA

Cartel de la obra
El disco de cristal acaba su trayectoria en el Off del Lara. Si aún no la has visto, acércate este viernes o sábado por el teatro y disfruta de una propuesta escénica sencilla, pero efectiva en la nueva sala pequeña del teatro.
Secun de la Rosa se ha enfrentado a esta obra desde todos los ámbitos: dirige, interpreta el papel protagonista y adapta en una versión libérrima el Zoo de cristal de Tennesse Williams. En clave de comedia dramática, nos presenta la historia, un padre, Tomy Tomás (un cantante acabado de los años 60) que intenta sacar a flote su vida y la de sus hijos dentro —o a pesar— de un ambiente que no les es muy favorable. La historia, directa sin demasiados rodeos, nos acerca emocionalmente a esos lugares comunes en los que todo el mundo puede identificarse: la soledad, una vida a medio hacer, la necesidad de realizarse por el arte, el amor a la familia y la esperanza de construir para los tuyos un futuro mejor que el que uno, en este caso el protagonista, se encuentra. Es de agradecer el retrato humano que hace Secun de los personajes, porque nos los muestra desde un lado tan humano que es imposible que no te los creas. Una visión psicológica muy acorde con la propuesta que presenta. Felicidades por la coherencia.

La propuesta escénica parte casi de un espacio vacío: tres sillas, una mesa y un baúl lleno de discos, tan frágiles que parecen de cristal, tan de cristal como el universo emotivo de los personajes, conforman la escena. El resto, los grandes actores de los que se rodea Secun y la guitarrra en directo de Pablo Méndez. La música consigue crear un espacio íntimo y hace que los números musicales queden vestidos con un halo nostálgico que resalta el carácter emotivo del texto. Xavi Melero y Ana Hurtado, los actores, cantan y actúan desde una sinceridad aplastante y con una naturalidad que se le echa de menos, un poco, al personaje protagonista. Porque Secun de la Rosa, está muy bien (controla el timing de la función, orienta los parlamentos, aporta el carácter maduro a la obra...), pero deja entrever, en ciertos momentos, a Secun de la Rosa, ocultando a Tomy Tomás. Si seguimos hablando de los actores, no podemos dejar de resaltar la actuación de Xavi Melero un actor de esos que te llevarías a casa para que te recite o te interprete o te cante o haga lo que quiera, porque sin lugar a dudas, su actuación es la más destacable. A ver si le vemos con frecuencia en las carteleras del teatro madrileño.

El disco de cristal, en resumen y salvando la anécdota, habla de la vida, de la más pura y real y puta vida, pero lo hace desde el lugar entrañable de la palabra afectiva y a través del arte transformado en música, el único lugar que sin duda, está tocado por los dioses. Unos dioses que hacen bolos por los pueblos en las fiestas de verano.

Si queréis pasearos por este particular olimpo musical, no dejéis de sacar vuestras entradas para el viernes o el sábado, y que no se os olvide porque son la últimas funciones, al menos en Madrid, que sepamos.


Apunta: Conchita Piña




Ficha artística:
Texto y dirección: Secun De La Rosa
Elenco: Secún De La Rosa, Ana Hurtado, Xavi Melero
Música en directo: Pablo Mendez
Iluminación Iván del Álamo
Producido por Radio Rara Teatro
Distribuido por Chariny Producciones


VIAJEROS AL TREN

El Teatro Lara comienza su programación de temporada con una cartelera muy apetecible. Son muchas las obras que va programar en sus off y su sala principal, pero ya iremos hablando de ellas. Ahora toca hablar de una obra que, sin duda, se va a convertir en una de las de la temporada. Como si pasara un tren. Un texto de la autora argentina Lorena Romanín, interpretado por  María Morales, Marina Salas y Carlos Guerrero  y dirigido y adaptado a su versión castellana por Adriana Roffi.
Entramos al off del Lara y lo que vemos ya nos da la pista de que vamos a asistir a una función de teatro argentino. Los actores esperan a que la sala se llene para darnos la bienvenida e invitarnos a que disfrutemos del espectáculo. No hace falta que nos  inviten porque en cuanto empieza la obra, ya sabemos que lo vamos a disfrutar.
Tres actores, una casa de pueblo y una historia de familia y adolescencia son las claves que forma esta comedia dramática. Bueno esto y el resto de personas, situaciones y cosas que aparecen de forma latente en la obra. Un supuesto problema de drogas acaba llevando a una joven a pasar una temporada con su tía y su primo, un chico un poco menor que ella que sufre un leve retraso intelectual, en la casa del pueblo dónde ellos viven. La convivencia llena de roces y tensiones, en un principio, se va convirtiendo en un intercambio de formas de vida que los personajes adoptan como aprendizaje para su propia vida. Un conflicto que viene presentado desde que la primera frase de la obra y que se va desvelando, no tanto por lo que pasa en la escena, sino por lo que viene dado por los personajes ausentes y latentes que interviene en la fábula. Así va a avanzando la historia y se van desarrollando los personajes. Una propuesta muy argentina que hace que los espectadores vayamos cerrando la historia y poniendo en ella lo que los personajes van apuntando. Destacable del texto es la capacidad que tiene la autora para presentarnos un drama humano (alejado del melodrama) desde la sencillez de un hecho cotidiano. Con la excusa de un castigo de una madre a una hija, la autora hace un retrato completo de una estructura familiar. Y lo hace desde el puro distanciamiento, que ya apunta al comienzo de la obra (vemos a los actores en el escenario esperando para comenzar la función) y que luego mantiene desde el relato moralmente objetivo con el que nos presenta la historia. Juega también a favor de este distanciamiento el buen uso que la autora hace de la elipsis temporal. Es por lo que nos cuentan que nos vamos enterando de lo que va pasando entre escena y escena. Claro es que todo esto lo vemos así, por el  buen trabajo que llevan a cabo los actores. Tres grandes que hacen absolutamente creíble la historia que nos cuenta. Trabajan con precisión milimétrica entre el naturalismo y la ficción más verosímil. Así nos parece que a ratos estuviéramos escondidos detrás de una ventana indiscreta, espiando la vida real de una familia y, a ratos, nos sentimos plenos espectadores y espectadores conscientes en nuestra posición de público de una ficción dramática. Dentro de este gran juego teatral no podemos destacar sino el gran equipo que hacen estos tres actores. María, Marina y Carlos transitan por el texto con una naturalidad sorprendente; parece que esta obra hubiese estado escrita para ellos, esto debe ser así, debido a la buena mano con la que Adriana, la directora, los va llevando por toda la obra. Mencionar quizá el buen trabajo de personaje que hace Carlos, retratando la discapacidad de Juan Ignacio desde una naturalidad que escapa del cliché y de la lástima hacia el personaje. Sin duda, un gran trabajo actoral en conjunto que hace de este viaje una experiencia teatral completa.
 Podríamos seguir durante horas escribiendo sobre el texto, deshilvanando el fino hilo que une el triángulo perfecto texto-actores-público, pero no lo vamos a hacer, porque al igual que un viaje que uno tiene que emprender solo (esta es la lectura interna de Como si pasara un tren), esta obra tiene que pasar por la experiencia directa del espectador, no es suficiente con que te la cuenten. Así que, haced vuestras maletas, sacan un ticket para el próximo lunes y dejaros emocionar por el paisaje teatral que esta compañía nos muestra y por el que nos invita a imaginar. Todos los lunes hasta el 13 de octubre. Yo ya tengo mi billete, ¿y tú?

Ficha artística
Autora: Lorena Romanín
Dirección y adaptación: Adriana Roffi

Actores: María Morales, Marina Salas y Carlos Guerrero



 Apunta: Conchita Piña